Biscet: Sólo los cubanos pueden liberar a Cuba

LA HABANA, CUBA – En los últimos meses, Estados Unidos ha tomado medidas para reconocer el régimen de Raúl Castro como el gobierno legítimo de Cuba. Estos pasos evidencian una falta de conocimiento de la naturaleza totalitaria del régimen.
Muchos estadounidenses no conocen el alcance de las violaciones de los derechos humanos cometidas por la dictadura castrista. Las víctimas de los Castro no se cuentan por millones de personas como las de Adolf Hitler y Joseph Stalin, pero su esencia despótica es la misma.
Puedo dar fe de que los que trabajan por los derechos humanos y la democracia en Cuba reciben un trato cruel e inhumano, incluyendo la tortura. A pesar de que Estados Unidos retiró al gobiernop de Cuba de el listado de países patrocinadores del terrorismo, el régimen continúa aterrorizando al pueblo de la Isla y sigue dando albergue a terroristas de otros países, incluidos los EE.UU.

Sé que los agentes del gobierno me espian constantemente a mí y a mi familia, así como a muchos otros defensores de los derechos humanos en la isla. Aquí vivimos sin libertades. No existe libertad de prensa, privacidad o libertad de asociación. Vivimos dentro de un sistema que ahoga la dignidad humana.
Permítanme contarles brevemente mi historia. Tengo 53 años de edad. Cuando era joven, yo era estudioso y trabajador. Nuncatuve problemas con la ley. Trabajaba como médico en La Habana e investigué y expuse las técnicas de aborto empleadas en Cuba en las que bebés son asesinados después de nacer con vida. Por esa razón me enviaron a prisión bajo el delito de “desacato”.
Más tarde, en 1999, después de colgar una bandera cubana al revés en señal de protesta, me condenaron a tres años de cárcel por el delito de “faltar el respeto a los símbolos patrios”. Fidel Castro públicamente dio la orden de encerrarme, declarando a través de los medios de comunicación masiva yo tenía problemas mentales y que necesitaba tratamiento. El tratamiento fue la cárcel y la tortura, incluyendo muchas semanas en celdas de castigo y confinamiento solitario.
Tras mi liberación, empecé abogando públicamente por los derechos humanos y la democracia, lo que conllevó a más tiempo en la cárcel. En el año 2002 fui condenado a 25 años de prisión durante la conocida “Primavera Negra de Cuba”, en la que fueron encarcelados 90 periodistas y defensores de los derechos humanos.
Fui liberado en el 2011, junto con más de 50 disidentes políticos en un acuerdo negociado entre la Iglesia Católica y la dictadura. La mayoría de los otros prisioneros fueron exiliados por la fuerza del país, pero otros se negaron a irse. Yo vivo aquí en La Habana con mi querida esposa, Elsa, quien, junto con mis hijos, se ha llevado la peor parte de mi pobre tratamiento y ausencia.
Estoy agradecido con el Dios de la Biblia por darme la fuerza y la sabiduría en los momentos más difíciles, incluso cuando fui torturado en prisión y estuve muy enfermo. También agradezco a todos los cubanos y personas de todo el mundo por su solidaridad conmigo y con todos los cubanos que buscan la libertad.
Como promotor de la libertad de Cuba, creo firmemente que la política de acercamiento de Estados Unidos con la dictadura comunista de los hermanos Castro sólo le dará la credibilidad y el reconocimiento que el régimen necesita y prolongará su existencia. El resultado, en mi opinión, será mayor sufrimiento para mis compatriotas.
Es imposible empoderar al individuo dentro de una dictadura totalitaria. La historia lo demuestra en los casos de la China comunista y Vietnam. En esos países la liberalización económica no ha producido más derechos políticos y libertades para los ciudadanos.
Mucho antes de que los EE.UU. comenzara a pensar en un nuevo enfoque hacia Cuba puse en marcha el Proyecto de Emilia. Emilia es el nombre de la primera mujer cubana desterrada del país por razones políticas. El proyecto implica el uso de la resistencia no violenta para asegurar los derechos humanos fundamentales, la democracia y la libertad para el pueblo de Cuba.
Yo sé que los estadounidenses quieren lo mejor para Cuba, y hay cosas que el gobierno de los Estados Unidos pueden hacer para ayudarnos a conquistar nuestra libertad. Los recientes cambios en la política hacia la Isla sólo hará que sea más difícil para los cubanos lograr el futuro que se merecen. En última instancia, por supuesto, nos corresponde al pueblo cubano reclamar nuestra libertad y establecer nuestra democracia. Sólo entonces Cuba será libre.